Sobradamente asumido el punk, desde hace décadas, como movimiento cultural en toda regla, que el Museum of London acoja en sus solemnes salones una exposición sobre los Clash y su tercer álbum, London Calling, de cuya edición se han cumplido recientemente cuarenta años, no es la paradoja más llamativa que encarna este disco icónico, enormemente influyente y absolutamente ejemplar.
Cosecha del 69: cruce de caminos (artículo de Pablo Carrero en la web cultural hoyesarte.com)
Ninguna fiesta dura para siempre. Hace exactamente medio siglo los felices años sesenta tocaban a su fin y con ellos terminaba también la época más esplendorosa, fructífera y determinante de la historia de la música pop. La ingenuidad, la frescura y el ánimo aventurero que habían marcado la trayectoria de la mayor parte de las bandas de la época hacían mutis por el foro y el idealismo hippy se daba de bruces con una realidad ciertamente más amarga que la que sus mentores habían dibujado con profusión de colores, burbujas y flores.
AVIADOR DRO. ANARQUÍA CIENTÍFICA – Coordinado por Patricia Godes (Ediciones La Felguera)
Punk, audacia, actitud, rebeldía, hazlo tú mismo, arrogancia y otros cuantos de índole similar son términos que se conjugaban de continuo en algunas de las historias más apasionantes de los tiempos de la nueva ola, aquellos casi inmediatamente posteriores a la muerte de Franco, en los que las puertas del futuro parecieron abrirse de par en par. Una de aquellas historias, una de las más notables, por cierto, tiene como protagonista a un chaval de apenas quince años, criado literalmente entre bambalinas y alimentado intelectualmente con una estricta dieta a base de poesía y teatro clásicos al que sus padres le otorgan el sobresaliente regalo de dejarle vivir solo en el piso familiar del barrio madrileño de Prosperidad cuando estos deciden mudarse a su nueva casa, en el sur de la ciudad.
Ese chaval es Servando Carballar Heymann, que aprovecha su idílica posición para montar en casa un cuartel general en el que se juntaba con personajes igualmente inquietos y con ganas de hacer cosas para tocar con instrumentos más que precarios, hacer fanzines y otras publicaciones contestatarias y plantar las semillas de la que luego se convertiría en la compañía independiente más importante de los ochenta.
Aunque estos van a disfrutar de lo lindo, no se trata en realidad, ni mucho menos, de un libro hecho para los fans del Aviador Dro y Sus Obreros Especializados, sino para cualquier persona interesada en aquella singularísima época de inusitada creatividad vista desde la aún más singular óptica de Carballar y sus compinches.
Coordinado por la periodista Patricia Godes, el libro va dando voz en sus sucesivos capítulos a muchos de los personajes que intervienen con papeles protagonistas o secundarios en la historia del Aviador Dro y la de la compañía que ponen en marcha ante la imposibilidad de encontrar quien edite sus canciones: Discos Radiactivos Organizados.
La obra, de cerca de 600 páginas, se completa con material de interés variable (sus -solo relativamente- disparatados manifiestos, panfletos y carteles de conciertos, abundante y muy jugosa selección de fotografías de todas sus épocas a lo largo de estos cuarenta años, relación de sintetizadores y cajas de ritmo con lo que trabajaban y un largo y variopinto etcétera) dando como resultado un volumen de amenísima lectura.
Pablo Carrero
‘DEBUT’ de Christina Rosenvinge (Penguin Random House)
Constituye un verdadero placer, modesto, pequeño, sin alharacas ni vistosos fuegos artificiales, enfrentarse a la lectura de “Debut”, una recopilación de letras de canciones, memorias, reflexiones, anécdotas y pequeñas revelaciones –a veces no tan pequeñas- a propósito del cancionero y de la carrera musical de Rosenvinge, un personaje fascinante por más de una razón, como, por ejemplo, la de haber escogido casi siempre el camino más difícil por convicción; acaso también por cabezonería.
Saltándose su primerísima etapa como vocalista quinceañera de Ella y los Neumáticos –es una pena-, no reniega la hispano danesa de su etapa en Alex y Christina, sino que más bien la reivindica, reconociendo que, de un modo u otro, lo que vendría después tiene mucho que ver con aquello, aunque fuera por pura reacción. Amable y pegadiza, “Chas y aparezco a tu lado” convirtió a su protagonista en una estrella pop cuya prometedora trayectoria decidió cortar de raíz precisamente por no encontrarse a gusto en un papel del que enseguida empezó a sentirse muy lejos. Tampoco reniega en absoluto de su estupendo disco con los Subterráneos (“Que me parta un rayo”), más maduro y consistente pero también muy asequible y que logró ventas nada desdeñables.
A partir de ahí, la música de Christina –lo mismo que sus letras- fue haciéndose más esquiva, menos amable y directa. Para muchos se hizo también más seductora y atractiva. La autora explica esa deriva y el proceso artístico y personal que la han traído hasta nuestros días, y por el camino acerca al lector a una entretenida colección de vivencias y pensamientos atrapados un poco a vuelapluma, acerca de la creación, de la condición del creador o de las ventajas de las canciones sobre cualquier otra disciplina artística: “ninguna forma de arte penetra el alma tan profundamente como la música”.
Escrito con un estilo sencillo y natural, que evita, probablemente a conciencia, cualquier atisbo de pretenciosidad o grandilocuencia y con un reconfortante y plácido sentido del humor, “Debut” es una obra amable, que combina ágilmente ligereza y profundidad y que, por si alguien esperaba otra cosa, decepcionará a los buscadores de carnaza. Pero es que ella siempre fue una chica con clase, ¿no?
Pablo Carrero
Si no es Stiff, no merece un tributo
Stiff Records es uno de nuestros sellos favoritos por diversos motivos, aunque el primero, por supuesto, no es otro que la maravillosa colección de discos que editaron. Además, hicieron las cosas a su manera (algunas veces muy bien y otras rematadamente mal) y, como escribe José Luis Garcés en las notas del disco tributo que editamos en 2009, «supieron condensar casi todo lo que para nosotros tiene de apasionante el pop: energía, acción, rebeldía, pasión, visceralidad, imaginación, mala leche, sentido del humor, diversión… y, sobre todo, canciones. Grandes canciones».
Por eso decidimos rendir nuestro particular homenaje al espíritu y las canciones de uno de los sellos esenciales para cualquier aficionado al pop independiente.
Con la inestimable colaboración de Pop Producciones (organizadores, entonces, del estupendo festival «Cultura Pop», que en la edición de aquel año tenía entre sus invitados al mismísimo Wreckless Eric), logramos reunir nada menos que a dos docenas de bandas y artistas dispuestos a abordar otras tantas versiones de clásicos del repertorio Stiff con formidables resultados.
Dirty Looks, uno de los grupos esenciales del power-pop nuevaolero americano más injustamente olvidados (su primer álbum tiene muy poco o nada que envidiar a los de los Beat, los Romantics o los Knack) son los protagonistas de la versión que abre el disco, a cargo de los formidables Runarounds (otra banda esencial del power-pop patrio que sin duda merece -aún están en activo- más suerte de la que han tenido). Su versión de la excelente «They got me covered» es muy similar, pero iguala en energía y pegada a la original y sirve de oportuna reivindicación. Curiosamente, no fueron los únicos en acordarse de la banda californiana, ya que los Inéditos aportan también su visión, algo más «sixties», de la igualmente espléndida «Let Go».
Curioso, también, que Ricky Gil (Brighton 64) se acordara de Madness, de cuya maravillosa «It Must Be Love» hace una versión más guitarrera y enérgica.
La voz de Anita hace que la versión que hacen los Mittens del único éxito en la carrera de Wreckless Eric («Whole wide world») sea más evocadora y dulce que la original, y Riffbackers revisan con sutileza en formato acústico el “So it goes” de Nick Lowe, músico esencial del pop británico versionado también por los ingleses Breakdowns, que hacen una potente “Heart of the city”.
También aparecen por partida doble los Pogues, con versiones a cargo de dos grupos de la casa, Happy Losers y Bombones, que hacen soberbias revisiones de “Thousands are sailing” y “Dirty old town”, respectivamente.
Fantásticas y potentes también las versiones que Feedbacks y Bubblegum hacen de Ian Gomm y Pointed Sticks, respectivamente, y elegancia a raudales en las que hacen Cooper y Javier de Torres con Zahara de “Alison” (Elvis Costello) y “New England” (Kirsty MacColl)…
El diseño, además, incluye un lustroso libreto de 24 páginas, elaborado por Santi Campos y con más que interesantes textos a cargo de José Luis Garcés, Jesús Ordovás, Julio Ruiz, José Escribano (de la exquisita tienda de discos Escridiscos), Paco Pepe Gil y Octavio Vink (miembro de los Heartbetas, The Crepitos y Protones, además de ocasional colaborador de muchas otras bandas).
A propósito de aquel Cultura Pop, en el que, además de la actuación de varios grupos de postín, se proyectó el imprescindible documental “If it ain´t Stiff”, elaborado por la BBC en 2007 y se organizó una interesante exposición con portadas, fotos y merchandising de Stiff, tuvimos la ocasión de conocer personalmente a Wreckless Eric, un tipo afable que aprendió a ganarse la vida como músico muy lejos de las listas de éxitos y que conservaba recuerdos vivos de los buenos y viejos tempos. Por ejemplo, lo mal que se llevaba con Elvis Costello, quien para Eric era un “capullo engreído”. Lo cierto es que las crónicas de la época, en general, solían poner a Costello de vuelta y media. Y es que no es la primera vez que queda demostrado que se puede ser un genio y un cretino al mismo tiempo. Felizmente, parece que Costello, que en su libro de memorias “Música infiel y tinta invisible” reconoce su juvenil soberbia, fue suavizando su carácter con el tiempo.
Pablo Carrero
Puedes escuchar el disco completo (y comprarlo si quieres) en la web de Rock Indiana pinchando AQUÍ
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