Rafael Abitbol, responsable por entonces del esencial programa radiofónico “Rock 3”, los presentaba a menudo como “la mejor banda de rock and roll del mundo”, y estoy seguro de que cualquiera que tuviera la fortuna de acudir a alguno de sus relativamente frecuentes conciertos que en los últimos ochenta dieron en Madrid estaría sin duda de acuerdo.
Solo tuvieron un notable éxito con la formidable “Birth, school, work, death”, pero lo cierto es que sus tres primeros álbumes están lleno de maravillosas canciones sustentadas en una impecable base rítmica, unas guitarras demoledoras y el vozarrón poderoso y grave de un Peter Coyne siempre pletórico y, especialmente, en sus actuaciones en directo.
“Love´s dead” cerraba el álbum al que daba título la mencionada “Birth, school…” –un disco ciertamente recomendable, dicho sea de paso-. Aunque llegó a salir como single –en una versión diferente, algo más rápida y potente-, no se cuenta seguramente entre las más célebres del quinteto londinense. Sin embargo, es una de mis favoritas, quizá por ser también una de las más poperas de su repertorio. Eso sí: se mantiene la energía acostumbrada y las guitarras brillan tanto como en cualquiera de sus mejores canciones.
by Pablo Carrero

Una de las canciones que más me atrajeron en su momento de Let It Be, entre otras cosas porque es un tema realmente compuesto por Lennon/McCartney, no como la mayoría de los que firmaban. Hecha a partir de esbozos de canciones sin terminar de Paul y John unidas, finaliza con las melodías superpuestas, cantando cada uno la suya. Y también porque muestra a John como el gran guitarrista que era: comienza con un riff sutil e irresistible, de esos que te hacen coger la guitarra (ví la película más de una vez para ver como ponía los dedos). Inolvidable, embutido en su abrigo de pieles y con su Epiphone Casino, cantando con mirada burlona eso de “Everybody had a hard year…”
No soy ni he sido nunca muy fan de The Beatles. Lo poco que tengo de ellos en disco ha sido siempre regalo de alguien. Reconozco lo grandes compositores que son John y Paul. Sé perfectamente que tienen canciones maravillosas y un par de discos suyos me gustan mucho, “Revolver” y “Rubber Soul”. Pero The Beatles no son santo de mi devoción. Hay montones de grupos que me gustan y me interesan mucho más. Creo que todo lo relacionado con los cuatro de Liverpool está sobre dimensionado hasta casi lo obsceno.
Porque estaba en una cinta de cassette que afanaron a mi padre un domingo en el que le robaron la radio del coche aparcado en un descampado junto al Vicente Calderón; y porque jamás volvió a comprarse esa cinta. Porque sonaba en los tres minutos de video que más veces he podido ver: un Informe Semanal de Televisión Española que contaba que John Lennon había muerto tiroteado días atrás. Porque está en la cara A del primer vinilo que compré en Escridicos: La Tienda. Porque a una chica hace mucho le pregunté si no le parecía que no se podía cantar mejor al escuchar juntos esta canción y desde entonces no pregunto este tipo de cosas a las chicas. Porque está en Re mayor, como tantas canciones que hacen que brille el sol. Porque se la canto a mi hijo cada vez que llora desconsolado a las tantas de la madrugada. Porque Brian Wilson sabía que era buena y sus Beach Boys la grabaron en un disco en el que se fueron de fiesta. Porque creo que nunca he hablado o me han hablado de ella y ya era hora. ¿Que te diga por qué? Pues porque los Beatles no son el principio ni el fin, pero sí ese sitio seguro al que volver de vez en cuando para confirmar tantas cosas y sentirse tan bien.





