Una característica común a muchas de las grandes series de hoy en día, suele ser su intensidad. Una intensidad a menudo expresada en forma de grandes dosis de violencia, física o emocional y con frecuentes giros de guión en busca de la convulsión del espectador. Ante tanta turbulencia emocional, a veces se agradecen series que sean mucho más relajadas. Series bien hechas, interesantes y agradables de ver, pero sobre todo relajadas. Un ejemplo perfecto para mí sería Downton Abbey. Y otro, salvando las distancias, podría ser NASHVILLE.
NASHVILLE es una serie de la cadena ABC, una de las cuatro grandes cadenas nacionales americanas y desde hace algunos años, propiedad de la Walt Disney Company. Es decir, no estamos hablando de la HBO o de Showtime. Aquí no hay palabrotas, ni sexo, ni violencia. Es una mojigata cadena para toda la familia. Dicho lo cual, hasta a mí me parece sorprendente que pueda estar hablando de ella. Pero es que NASHVILLE, que ya está en su cuarta temporada, se ha convertido en mi pequeña debilidad.

